sábado, 18 de diciembre de 2010

Otoño e invierno francés

Aunque no vi ni un sólo hongo siendo que el bosque en otoño los da par aventar para arriba y son reconocidos de la "Foret Compiégne" el bosque de Compiegne me enseñó mucho en el otoño. Había atrapado con mi cámara los árboles en amarillo y rojo, con las hojas a medias... El patio de Pierre d'Ailly cubierto de hojas de diferentes colores donde casi sumergías los zapatos... Y bueno, el otoño me enseñó que las imágenes vuelan igual que las hojas y se caen igual que con las hojas... Ahora, mientras tengo una nueva, si puedo tenerla, mi manera de trasmitirles mi estancia es mediante la escritura, mediante la descripción.

Ahora que ya es el invierno y que el bosque es un juego de blancos, azules y violetas, según pegue la luz, descubro que es la primera vez que contacto realmente con la sensación de las cuatro estaciones, aunque hasta ahora han sido sólo tres: el final del verano realmente, otoño e invierto; y es justo por la cercanía del bosque que tengo oportunidad de vivir esa sensación como ahora la vivo. La foret Compiégne, sigue siendo un misterio para mi.

Algo lindo a contar es que, el día después a que casi anulámos nuestra participación en el concurso, fui al Palais Imperial a ver caer la nieve. Compré algo de comer en Marie Caline, una panadaría contraesquina a la Alcaldía, y me fui hacia allá. Tenía toda la intención de cruzar el bosque hasta Pierre d'Ailly que es donde está la entrada pero empezó a nevar realmente fuerte y me quedé resguardada en el patio del palais, bajo unas columnas, hasta que empezó a calarme el frío y salí a esperar al bus. La noche anterior había sido, si acaso, la más triste desde mi llegada, más porque me agarró en la noche y las amistades que tenía no estaban cerca de mi, ese día no tuve curso particular con mi alumna Julie y la única persona que estaba conectada en internet de México, en ese momento, no estaba discponible. Más tarde entró Ludovic, mi amigo de Bélgica al que conocí por Antonio, quien ya ha sido personaje de estos sueños, y me dio algo de alegría empezar a planear mi navidad en Bélgica con Isaura. Planear viajes siempre distrae un poco; pero curiosamente fue ver caer la nieve, al día siguiente, lo que me hizo recuperarme... Y podría decirse que la nieve es fría, que en efecto no pesqué un resfriado porque en verdad esa experiencia estaba entre mis lista destinal pero, ver la nieve caer sobre el bosque, la tierra irse cubriendo lentamente de blanco y luego tocar la nieve, con esa sensación algodonosa que se vuelve agua entre tus dedos y los deja luego fríos, me dio una tranquilidad impresionante. Ya no me atreví a indagar el bosque, pues desde que el viento otoñal rompió dos de mis paraguas, no he comprado otro, y cruzar el bosque cayendo la nieve, sin protección, no era sin lugar a dudas opción pero, cruzar el bosque con nieve es algo que tendré que hacer. Conocer la nieve sí ha sido un evento importante en mi vida. Me ha enseñado a encontrar, en lo más frío, un consuelo.

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