El 11 de noviembre se celebra en Francia la firma del Armisticio con Alemania acontecido en 1918, firma que dio fin a la Primera Guerra Mundial. El vagón donde se firmara dicho Armisticio se encuentra en el bosque en un sitio que se llama La Clarière dl'Armistice. El museo aún me lo debo pero, entrémos más en la historia de Natalia y el Armisticio 2010. En misa, mi amiga Marlyn y yo conocimos a una pareja ya mayor que nos ayudaron a encontrar el Padre Nuestro en la Biblia. Ellos, al final de la ceremonio nos pregunaron de dónde veníamos y ya les dijimos que de México, entonces Jaqueline nos comentó que a ella le gustaba recibir en su casa a los extranjeros, mostrarles los alrededores e introducirlos en el contexto de la ciudad de Compiègne. Me pidió el número de mi celular, el cual le di y quedó en llamarnos. Antes de salir me despedí de su esposo igual y le pregunté su nombre; el dijo que se llamaba Jean Pierre. Una semana después más o menos Jaqueline me llamó para invitarnos a su casa. Quedámos para el primer viernes volviendo de las vacaciones.
Así fue como el viernes 5 de noviembre llegamos a casa de Jaqueline y Jean Pierre. Platicamos con Jaqueline, nos mostró una revistas y comenzó a contarnos de la importancia del bosque de Compiègne durante la Primera Guerra Mundial. Como nos vio interesadas nos propuso llevarnos junto con Jean Pierre a los alrededores de Compiègne: Vieux Molin, Saint Jean aux Bois et Les Etanges de Saint Pierre, incluida, por supuesto, La Clariére, ese domingo.
Como platicaba con Marlyn y enterándome de que ella no conoció tampoco a sus abuelos, como yo tampoco a los míos, salvo por mi abuela Isaura, Jaqueline y Jean Pierre fueron como los abuelos que llevan a sus nietos a conocer la carga histórica y la importancia de un sitio para el corazón del mismo.
Marlyn extraña muchpo México. Me comenta que le cuesta trabajo la comunicación, como a mi también y aunque, le da gusto haber encontrado a Jaqueline y a Jean Pierre, no puede bromear con ellos o verlos como alguien realmente próximo. A mi me pasa que más bien los estoy conociendo, y disfruto de esos momentos en los que se empieza a romper el turrón, en los que surgen pequeñas bromas entre ellos que nos hacen reir a todos o bromas que nosotras hacemos y de las que ellos se ríen. El turrón es algo que hay que disfrutar y al principio siempre resulta un poco duro romperlo y es cierto que, entre la lengua diferente y las historias de cada quién no resulta fácil.
Claramente, de quien me acordé de manera irremediable fue de mi padre y se lo conté a Jaqueline y Jean Pierre. Les dije que la Historia había sido una de sus fascinaciones y que la Primera Guerra Mundial y La Segunda, eran uno de los temas que más le apasionaban de la Historia Universal y leía y veía películas e investigana y volvía a leer. Y les comenté también que por algo estaba en Compiègne y que mucho de la historia guardada en este bosque y en esta ciudad me removía espacios de mi propio bosque, de mi propio interior y de pronto veía a mi padre en todo: En el claro del Armistice, en los estanques de Jean Pierre, en la escalinata que daba entrada a una Cava en Vieux Molin, en las marcas de bala de los muros, en la entrada-fortaleza a Saint Jean aux bois. Y este contacto con la historia, le ha dado un giro a mi estancia pues también en Compiégne hay un palacio que habitó Napoleón, que igual era un personaje que intrigó toda su vida a mi padre y de quién leyó mucho. Así que sí, vine a Francia a reencontrarme con la memoria histórica de mi padre.
El siguiente miércoles, un día antes del Armisticio, a Jaqueline y a Jean Pierre les pareció importante llevarnos a Confrecourt, que eran las catacumbas u hoteles de piedra que usaban los soldados durante la Primera Guerra Mundial a modo de parapeto. Toda mi vida había querido estar en un parapeto de verdad. Ahora, en el invierno, no se puede enntrar a estos sitios, también llamados hoteles pero, al parecer volverémos en abril para ver los grabados que los mismos soldados hicieron sobre la piedra de estas especies de cuevas guardadas en la inmensidad del bosque. Sólo con alguien que conozca se puede llegar allí realmente. Antes de pasar por este sitio, pasamos por la Necrópolo Nacional de Ambleny, donde se encuentran los cuerpos de muchos de los muertos en la Primera Guerra, éste cementerio se encuentra en plena autopista, en pleno campo que alguna vez fue de batalla. Hay un osario con los nombres de los soldados reconocidos y hay unas tres mil tumbas allí o más. Las de los soldados árabes difieren de las de los soldados católicos. Las primeras tienen forma ojival y la media luna arábiga mientras que las cristianas tienen forma de cruz. En medio del cementerio ondea una bandera de Francia.
Y bueno, como siempre pongo en desorden histórico mis actividades. Lo primero que hicímos fue ir a Amleny, luego pasamos por el sitio donde se encuentra la Cruce Salus, una representación de Cristo crucificado que se erigió en nombre de los soldados muertos durante la guerra y que tiene una inscripción donde apunta: "Dios protege a Francia". De esta manera los católicos piden por la salvación del alma de los soldados muertos en la guerra. Posteriormente fuimos a Confrecourt, donde incluso recorrímos el mismo camino que los soldados utilizaban para entrar y salir de sus parapetos, había muchas enredaderas, en su mayoría con espinos, pero la libramos bien. Allí también están las vías por las que pasaba un trenecito nocturno que llevaba alimento a los soldados escondidos allí. Un vagón de dicho tren quedó enclavado en este escondrijo del bosque.
Finalmente fuimos al sitio donde están los mártires de Vingré los cuales, durante el periodo del caporal Floch, fueron acusados por los alemanes quiero creer de robo y asesinato. Intentando huir llegaron a un parapeto dentro del cuál estuvímos nosotras también y pasaron la noche allí; a la mañana siguiente fueron detenidos y fusilados.
En las casas de Vingré, han puesto en cristal, las copias de las cartas escritas a sus familiares desde el parapeto. Se las puede leer en el muro.
El jueves llegó el gran día del Armistice y con todo y la lluvia que cayó se celebró la ceremonia con el alcalde de Compiégne y la presencia incluso de Ettore Scola que estuviera la tarde del domingo discutiendo una película dirigida por él para la cuál ya no alcancé boleto. Y bueno, para ir a La Clarière no hay otra más que tomar el camión exprofeso para llegar allí. Parece quesí se puede llegar con coche pero no está tan evidente la cosa. Así que fui con otros asistentes que, a pesar de la lluvia, también concidieron en la importancia de ir y aunque claro, debido a la imperfección de mi francés y a mi mimsa dispersión se me fueron algunas cosillas, me conmovieron algunos momentos como el que una tempestad no impida que se conmemore una efeméride el día que tiene que ser y no otro, ya que pues sabemos que en México nuestro presidente en pro de los puentes movió las efemérides que cayeran entre semana a fin de poder tomar el puente cuando que esas fechas se dan justamente para poder acudir a los eventos conmemorativos de la historia de cada país. Otra cosa que más que conmoverme me dejó una gran lexión en el corazón fue cuando se mencionó que la Historia de un país y la Historia mundial se escribe a partir de su realidad y aceptando dicha realidad como fue, sin complejos. Los niños, sin importarles la lluvia, cerraron el evento cantando la Marsellesa y, otros, leyendo cartas y poemas de soldados fallecidos durante la guerra y, finalmente, tras colocar un juego floral en medio de La Clariére y encender una copa en honor a los muertos por Francia, la escolta se retiró. El paraguas negro que traje de México murió en esta conmemoración, así que lo recordaré como un paraguas heróico.
Me ha conmivido mucho, el viernes que fui a Saint Quintin y el sábado que me invitaron a una fiesta en Chantilly ver como,en cada monumento dedicado a los muertos de 1914-1918, hay un juego floral. Y bueno, mi cierre de actividades relacionadas a esta fecha, fue ver la película "Los años difíciles" de Luigi Zampa con mi alumna particular y amiga Julie. Es una película que mi padre me había dicho era un clásico del tema de la Gran Guerra y del cine italiano por supuesto. Como bien dijo Julie al salir; es así, la película muestra todo lo referente a las dos Guerras, quién estaba contra quien, quién estaba aliadoa a quipen y cómo se cobraban en la guerra el pertenecer a dos bandos, por así decirlo, a fin de protejerse. Las dobles ajencias como las llama Le Carre, eran muy comunes en la guerra y casi siempre infructuosas pero a veces, por salvar la vida, se llegaba a esos dobleces en la vida de una persona.
Y bueno, hasta aquí este tema que ha venido a removerme toda la pasión por la Historia que alguna vez me contagió mi padre.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Marseille: la ratita tímida
Mars ella es la Marte de Francia. Sin lugar a dudas es una ciudad que no puedo decir que me disguste pero tampoco que me guste. Eso sí, tiene el Centro Internacional de Poesía, escondido en la Vieille Charité. Marseille ha sido hasta ahora la ciudad más polifasética de Francia. El Chateu de If, que inspirara al Conde de Montecristo, estaba cerrado ya que, al parecer cada otoño-invierno lr toca mantenimiento y la Île de Friole tiene sus parajes pero, no me causó el impacto de otros paisajes marítimos mexicanos.
Desde que llegué se impuso la huelga, ya que los franceses están en contra de que se sumen dos años a la juvilación y ésta se haga a los 62 y no a los 60. Esta ley, al parecer, ya ha sido asumida en todos los países de la ciudad europea salvo Francia. Las huelgas son muy diferentes a cualquier marcha que se haga en México y en México la huelga es dejar de trabajar mientras que en Francia, se hacen mítines igual frente a las alcaldías y se queman llantas de coche, se cierran los centros de servicio de distribución de gasolina y en el sur, se tiran las bolsas de basura en las calles pero, parece que Marsella, la huelga es un estado común, ya que a la gente no le gusta trabajar, así que hay una suciedad constante. Esto nos llevo a ver a la primera colección real de ratas de ciudad en mi vida. Bolsas de basura tiradas en las calles principales con hasta diez ratas buscando alimento. Le dije a Antonio que sacara su flautín para ver si podíamos sacarlas y me volteó a verme consternado y me dijo, es que es terrible.
Doblamos la calle y vimos a una ratita temblando aferrada a la banqueta. Cuando Antonio acercó si cámara para tomarle una foto, se aferró aún más y comenzó a temblar aún más fuerte. Carlos comentó que veía que esa ratita no estaba bien. Supuse que en alguna guerra por alimento con otras ratas pudo haberse herido. Cuando Antonio se alejó con su cámara la ratita salió en estampida y se escondió en una bolsa de basura. Entonces me acordé de la canción de la rata vieja y Antonio de la película de Ratatouille, donde las ratas aparecen con sentimientos humanos y realmente para mí, ese instante de la rata temblorosa ante un aparato fotográfico ha sido de los más conmovedor de toda la estancia. Podríamos decir ¡Pero cómo, sí es un aminal! Pues sí lo es, pero es un animal tan sensible como cualquier humano, tan indefenso como caulquier humano y hambriento, como muchas veces, también, los humanos. Y heme aquí, enternecida a causa de una rata. Me acordé del libro "El Portero" de Reynaldo Arenas, donde los animales le cuentan al Portero lo que piensan de los seres humanos. Ese día, con tan sólo un temblor, la rata me hizo saber no lo que piensa, pero sí lo que siente: miedo, un miedo más terrible al mismo hecho de que ellas estén allí.
Y bueno, otro sitio en el que recalamos en Marseille fue la Villa Universitaria, que es el nombre que se le da a las Unidades habitacionales en Francia, construída por Leborbusier. Y bueno, salvo el maravilloso atardecer desde la azotea, me impresionó que aquél sitio pudiera ser un sitio residencial de Marsella. Ciertamente estuvimos antes un edificio de los años cincuenta, que en su época fue un boom para la arquitectura concreta y con fines más basados en la necesidad que en el adorno y que apelan a una sencillez pero, no fue realmente una visita en la que yo dijera bueno, éste es el tipo de vivienda en el que es idoneo habitar. Quizá yo estoy mal pero, esa es mi impresión porque, finalmente azoteas con paisajes y sombras dignas de recordarse pueden ser todas en las que pueda haber paiasajes y sombras aquí, la diferencia la hicieron Antonio y Carlos y las sombras de los tres.
Pero de Marseille la que es preciosa es la Catedral de Notre Dame de la Garde. La vista desde allá es igual formidable. Nos tocó el día de Todos Santos y un pedacito de la misa. Qué La Dame de la Garde tenga a las ratas de Marseille misericordia, u también la tenga para nosotros.
Desde que llegué se impuso la huelga, ya que los franceses están en contra de que se sumen dos años a la juvilación y ésta se haga a los 62 y no a los 60. Esta ley, al parecer, ya ha sido asumida en todos los países de la ciudad europea salvo Francia. Las huelgas son muy diferentes a cualquier marcha que se haga en México y en México la huelga es dejar de trabajar mientras que en Francia, se hacen mítines igual frente a las alcaldías y se queman llantas de coche, se cierran los centros de servicio de distribución de gasolina y en el sur, se tiran las bolsas de basura en las calles pero, parece que Marsella, la huelga es un estado común, ya que a la gente no le gusta trabajar, así que hay una suciedad constante. Esto nos llevo a ver a la primera colección real de ratas de ciudad en mi vida. Bolsas de basura tiradas en las calles principales con hasta diez ratas buscando alimento. Le dije a Antonio que sacara su flautín para ver si podíamos sacarlas y me volteó a verme consternado y me dijo, es que es terrible.
Doblamos la calle y vimos a una ratita temblando aferrada a la banqueta. Cuando Antonio acercó si cámara para tomarle una foto, se aferró aún más y comenzó a temblar aún más fuerte. Carlos comentó que veía que esa ratita no estaba bien. Supuse que en alguna guerra por alimento con otras ratas pudo haberse herido. Cuando Antonio se alejó con su cámara la ratita salió en estampida y se escondió en una bolsa de basura. Entonces me acordé de la canción de la rata vieja y Antonio de la película de Ratatouille, donde las ratas aparecen con sentimientos humanos y realmente para mí, ese instante de la rata temblorosa ante un aparato fotográfico ha sido de los más conmovedor de toda la estancia. Podríamos decir ¡Pero cómo, sí es un aminal! Pues sí lo es, pero es un animal tan sensible como cualquier humano, tan indefenso como caulquier humano y hambriento, como muchas veces, también, los humanos. Y heme aquí, enternecida a causa de una rata. Me acordé del libro "El Portero" de Reynaldo Arenas, donde los animales le cuentan al Portero lo que piensan de los seres humanos. Ese día, con tan sólo un temblor, la rata me hizo saber no lo que piensa, pero sí lo que siente: miedo, un miedo más terrible al mismo hecho de que ellas estén allí.
Y bueno, otro sitio en el que recalamos en Marseille fue la Villa Universitaria, que es el nombre que se le da a las Unidades habitacionales en Francia, construída por Leborbusier. Y bueno, salvo el maravilloso atardecer desde la azotea, me impresionó que aquél sitio pudiera ser un sitio residencial de Marsella. Ciertamente estuvimos antes un edificio de los años cincuenta, que en su época fue un boom para la arquitectura concreta y con fines más basados en la necesidad que en el adorno y que apelan a una sencillez pero, no fue realmente una visita en la que yo dijera bueno, éste es el tipo de vivienda en el que es idoneo habitar. Quizá yo estoy mal pero, esa es mi impresión porque, finalmente azoteas con paisajes y sombras dignas de recordarse pueden ser todas en las que pueda haber paiasajes y sombras aquí, la diferencia la hicieron Antonio y Carlos y las sombras de los tres.
Pero de Marseille la que es preciosa es la Catedral de Notre Dame de la Garde. La vista desde allá es igual formidable. Nos tocó el día de Todos Santos y un pedacito de la misa. Qué La Dame de la Garde tenga a las ratas de Marseille misericordia, u también la tenga para nosotros.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Nimes
Nimes nos agarró con tormenta pero, luchando con ella, recorrímos las Arenas romanas, ahora Plaza de toros; la torre desde la cuál Nostradamus predijo alguna de sus visiones y a la cuál llegamos por un jardín empapado de lluvia y por lo tanto vivificado en sus colores y la casa cuadrada.
Si agradezco algún comentario en este recorrido, es el de Denisse cuando, bajando de la Torre nublada, se soltó a correr jardín abajo diciendo que recordáramos cuando eramos niños y veíamos la lluvia como un juego.
En la mañana,Denisse y yo nos fuimos al museo de Beaux Arts, a una visita guiada de Lucien Lautrec, un pariente de Toulousse que, recordándome a Picasso, pasó de una época realista a la desintegración del sujeto en la pintura abstracta. Ya desde Sete venía viendo esta desfiguración de la persona en el paso de los períodos pictóricos. Me impresionaba ver cómo, a pesar del abstracto seguían escondiéndose sombras, espectros, siluetas. Esa era la intensión de Lautrec y eso vengo viendo en varias exposiciones desde que llegué a Francia como, en el arte, se ha comenzado a descomponer la figura y a disociar a la persona; a volver aún más anónima la figura humana entonces: ¿qué pasa con el humanismo artístico? Esa es mi pregunta ahora.
Este descubrimiento del arte abstracto como un escondite de sombras, espectros y siluetas, me ha dejado un material fascinante cocinándose en mi cerebro. Deleuze habla de ésto: la desintegración del sujeto.Este Lautrec más moderno que Toulosse, tienme hasta una banda de Jazz escondida en sus pinceladas en apariencia abstractas.
Y bueno, ya e las cinco de la tarde, terminamos con un filme en tercera dimensión sobre la fundación de Nimes. Volviendo a las dimensiones artísticas y cinéfalas ¿Cuántas cabezas puede haber mirandolo todo?
Con esta maquinaria pesada en mi mente, volví a Montpellier esa noche, a celebrar el cumpleaños de Ana, una amiga de Antonio.
Si agradezco algún comentario en este recorrido, es el de Denisse cuando, bajando de la Torre nublada, se soltó a correr jardín abajo diciendo que recordáramos cuando eramos niños y veíamos la lluvia como un juego.
En la mañana,Denisse y yo nos fuimos al museo de Beaux Arts, a una visita guiada de Lucien Lautrec, un pariente de Toulousse que, recordándome a Picasso, pasó de una época realista a la desintegración del sujeto en la pintura abstracta. Ya desde Sete venía viendo esta desfiguración de la persona en el paso de los períodos pictóricos. Me impresionaba ver cómo, a pesar del abstracto seguían escondiéndose sombras, espectros, siluetas. Esa era la intensión de Lautrec y eso vengo viendo en varias exposiciones desde que llegué a Francia como, en el arte, se ha comenzado a descomponer la figura y a disociar a la persona; a volver aún más anónima la figura humana entonces: ¿qué pasa con el humanismo artístico? Esa es mi pregunta ahora.
Este descubrimiento del arte abstracto como un escondite de sombras, espectros y siluetas, me ha dejado un material fascinante cocinándose en mi cerebro. Deleuze habla de ésto: la desintegración del sujeto.Este Lautrec más moderno que Toulosse, tienme hasta una banda de Jazz escondida en sus pinceladas en apariencia abstractas.
Y bueno, ya e las cinco de la tarde, terminamos con un filme en tercera dimensión sobre la fundación de Nimes. Volviendo a las dimensiones artísticas y cinéfalas ¿Cuántas cabezas puede haber mirandolo todo?
Con esta maquinaria pesada en mi mente, volví a Montpellier esa noche, a celebrar el cumpleaños de Ana, una amiga de Antonio.
Sete
Es la segunda vez que paso por Sete en mi vida. La primera fue por azar. Iba de regreso a Niza y me equivoqué y me bajé una estación antes de la del sitio a la cuál iba y di con Sete, un puerto bastante pintoresco con cierto aire de Progreso, en Mérida Yucatán, pero con el puerto marítimo encontrándose con la ría y el detalle de, hacia lo alto de la isla, encontrar una capilla chiquitita dedicada a Notre Dame de la Salette parecida a un iglú,ya que no es muy alta y está grabada en su interior con frescos. Me pareció de pronto que el arquitecto quizo recuperar esta idea de la misa en las catacumbas, y el pintor quiso rememorar la pintura rupestre con sus representaciones y ex votos. Presenciar misa allí ha de ser algo alucinante, debido al eco y a lo reducido del espacio. A sus afueras, puedes ver una vista magistral de Sete.
Otro detalle conmovedor de Sete fue la llegada al Cementerio Marino; y es que de pronto a mi no me caen tan rápido los veintes. Yo sabía que Paul Valery había nacido en Sete pero, de pronto no hice la conexión del Cementerio Marino, con el Cementerio donde estaba parada en Sete, sitio que le inspiró su obra maestra, del mismo nombre. Cuando caí en la cuenta, les dije a Marlyn y Rita.
-No inventen, estámos en el Cementerio Marino...
Ellas se burlaron de mi
-Ay Natalia, pero sí ya dimos varias vueltas buscando la tumba del poeta que quieres encontrar, antes de ir a su museo, y apenas te percatas.
Y les dije que no era eso, sino que apenas me caía el veinte de que estaba en el Cementerio Marino de Valery. Libro que leí hace unos dos años en la edición bilingüe de Alianza.
Perdidas en el Cementerio, di con el sepulturero y le pregunté por la tumba de Valery. Me dijo que cómo era que sabía tanto de Francia. Le dije que más bien era seguidora de ciertos poetas franceses. Conduciéndome hacia la tumba y viendo mi emoción me dijo... Valery sabía que los cementerios son las ciudades eternas, ya que en ellos habitará nuestro cuerpo después de haber vivido. Luego se disculpó por decirme esas palabras, pero de hecho un poco de eso va el libro de Valery, sólo que en vez de ciudad es un mar.
De allí nos fuimos al museo de Valery, donde hay una serie de pinturas de diferentes periódos artísticos, principalmente del impresionismo, corriente artística que corresponde al periódo en el cuál vivió el poeta. Además de una sala dedicada a los grabados de Valery y a su colección de notas y primera impresión del Cementerio Marino. Ya no fuimos al espacio cultural y museo de Brassens el poeta y músico de Sete pero, nos despedimos comiendo en un sitio árabe donde pedí unos calamares aunque, a nuestro regreso a Montpellier Carlos se molestó un poco de no haberle contado nuestros planes ya que había vivido dos años en Sete y sabía de la especialidades culinarias. Aún así, mi visita de Toussaint o Todos Santos o Fieles difuntos francés, fue al Cementerio Marino, y a Paul Valery,aunque en su tumba le acompañan otros familires Valery que han dejado esta cara del mundo, esta ciudad de vivos.
Otro detalle conmovedor de Sete fue la llegada al Cementerio Marino; y es que de pronto a mi no me caen tan rápido los veintes. Yo sabía que Paul Valery había nacido en Sete pero, de pronto no hice la conexión del Cementerio Marino, con el Cementerio donde estaba parada en Sete, sitio que le inspiró su obra maestra, del mismo nombre. Cuando caí en la cuenta, les dije a Marlyn y Rita.
-No inventen, estámos en el Cementerio Marino...
Ellas se burlaron de mi
-Ay Natalia, pero sí ya dimos varias vueltas buscando la tumba del poeta que quieres encontrar, antes de ir a su museo, y apenas te percatas.
Y les dije que no era eso, sino que apenas me caía el veinte de que estaba en el Cementerio Marino de Valery. Libro que leí hace unos dos años en la edición bilingüe de Alianza.
Perdidas en el Cementerio, di con el sepulturero y le pregunté por la tumba de Valery. Me dijo que cómo era que sabía tanto de Francia. Le dije que más bien era seguidora de ciertos poetas franceses. Conduciéndome hacia la tumba y viendo mi emoción me dijo... Valery sabía que los cementerios son las ciudades eternas, ya que en ellos habitará nuestro cuerpo después de haber vivido. Luego se disculpó por decirme esas palabras, pero de hecho un poco de eso va el libro de Valery, sólo que en vez de ciudad es un mar.
De allí nos fuimos al museo de Valery, donde hay una serie de pinturas de diferentes periódos artísticos, principalmente del impresionismo, corriente artística que corresponde al periódo en el cuál vivió el poeta. Además de una sala dedicada a los grabados de Valery y a su colección de notas y primera impresión del Cementerio Marino. Ya no fuimos al espacio cultural y museo de Brassens el poeta y músico de Sete pero, nos despedimos comiendo en un sitio árabe donde pedí unos calamares aunque, a nuestro regreso a Montpellier Carlos se molestó un poco de no haberle contado nuestros planes ya que había vivido dos años en Sete y sabía de la especialidades culinarias. Aún así, mi visita de Toussaint o Todos Santos o Fieles difuntos francés, fue al Cementerio Marino, y a Paul Valery,aunque en su tumba le acompañan otros familires Valery que han dejado esta cara del mundo, esta ciudad de vivos.
Montpellier
Gran parte de mi vida ha pasado en el Sur. En ese sentido este viaje me pone a ciento ochenta grados, ya que ahora estoy viviendo al Norte, en Compiegne. La presencia de mi amigo Antonio en Montpellier me hizo volver al Sur, esta vez desde el Norte, esta vez a la inversa.
No es falso lo que dicen los mismos franceses en cuanto a que en el sur de Francia la gente es más próxima y más cálida. Quizá la arquitectura no es tan majaestuosa como la del norte y algunas ciudades no tienen tanta carga histórica, salvo sitios como Lyon o Nimes pero, la gente, el ambiente, la algarabía, eso es diferente.
Viajamos el martes 26 de octubre desde Compiegne hasta Paris, nos fuimos caminando desde la Gare du Nord hasta la Gard de Lyon con la sorpresa de casi perder el último tren a Montpellier por motivo de las huelgas pero, finalmente llegamos con Antonio.
Es cierto que viajar es una de las experiencias más ricas pues es cuando realmente conoces a las personas por una parte pero, es también cuando mejor te conoces a ti mismo y aprendes de tus formas de ver el mundo, de tu tolerancia o intolerancia, de tus distracciones, de tus errores, de tus diferencias y encuentros con tus compañeros de viaje. Nos quedamos Rita Marlyn y yo cinco noches en casa de Antonio. Casi todos sus amigos son españoles o franceses que hablan español, así que por poco y se nos olvida el francés pero, en verdad contactamos con la otra Francia. Y es que sí es diferente el norte al sur.
Los "chonis",- una expresión que en España, en Alicante específicamente, de donde es Antonio, designa a los nacos a los sátrapas-, nos hicieron pasar algunos de los días más amenos desde que llegamos. El albergue Pedro-Antonio, nos abrió las puertas como nunca. Los amigos de Antonio: Carlongo, Juanmi, José y Pierre, fueron unos magníficos anfitriones también y nos hicieron volver a sentirnos en nuestras casa, estando en país extranjero. Y claro, no podría olvidar a América, la minina de la familia e hija adoptiva de Antonio. Todo queda entre samaritanos.
A Antonio lo conocí por su blog de auxiliar en Compiegne de hace ya tres años. El fue a México a acompañar a su pareja unos días, ya que Aldo estudia la carrera de arquitectura y consiguió un intercambio nada menos que en Colima, la ciudad natal de mi padre, donde estará hasta diciembre. Los conocí en la Casa Azul de Frida y Diego y bueno, de allí no volví a ver a Antonio hasta ahora en Montpellier.
Montpellier es una ciudad más moderna. La ciudad antigua es bonita y es un laberinto donde puedes experimentar jugar a buscar el hilo de Ariadne entre las tres gracias susurrándote posibles rutas en un ambiente de Comedia pero, es cierto que no tiene la mejestuosidad de algunas ciudades del norte como París, incluso también al sur, Lyon. Lo que agradeces de Montpellier es al ambiente universitario. Los jóvenes disfrazándose la noche de Toussaint. El sonido de diferentes lenguas. No en vano bromeaba con Antonio que ahora iban a la conquista de Montpellier con el español y bueno, aunque ya no fui al museo Fabre, Montpellier me dejó la experiencia de ver por primera vez una película en español subtitulada al Francés: Biutiful, película que me hizo llorar mucho pues, además de mostrar un rostro no tan grato de Barcelona, habla sobre el cáncer, la enfermedad de la que murió mi padre.
Otra experiencia fue justo la de encontrar el hilo de Ariadne en casa de Antonio todas las noches y desenredarlo en español, en la misma calle donde viviera Rosseau, uno de los tejedores de la Ilustración... ¡Vaya tramas y entramados! ¿No?
Me dejó la experiencia de aprender a amueblar las casas con aquello que la gente abandona en las esquinas a la mano de los estudiantes. Casi todo el estudio de Antonio es reciclado. Viva la ecología inmoviliaria. La experiencia de ser pintada como catrina con los olios de Pierre, el compañero de cuarto de Antonio, quien gusta de la pintura y se dio a la tarea de hacer de mi, una catrina hispanofrancesa en Montpellier. Lástima que al llegar a la fiesta de Ana, sólo nosotros hubiéramos llegado disfrazados.
Y, dos detalles más: asistir a la inauguración de una exposición en la iglesia de Sta Anna hoy sala de exposiciones y platicar con Antonio y Carlos sobre las texturas y los colores en los cuadros de Seguin, como jugar con diferentes texturas te hace figurar otra dimensión ésto, siguiendo con las tramas, tras haber pasado el atardecer de ese día, por la fachada de una casa donde un artista plástico jugaba con tu capacidad visual para medir qué tan capáz eres de diferenciar entre una fachada real sobrepuesta a una de utilería. En todas las ciudades se esconden detalles impresionistas.
Así, la noche cayó sobre nosotras y en el acueducto la luz azul de los arcos nos fue conduciendo a nuestra última noche en Montpellier ruta Catedral, Facultad de Medicina y Torre. Yendo hacia la Torre teníamos que pasar cerca de una calle o por una calle llamada Jeux de mains y debido a que el nombre me recordó a los juegos de manos en México, cuando una es niña, Antonio y yo nos la pasámos cantando todo el camino juegos de manos y luego rondas o corros, como se llaman en España y bueno, terminamos con el Qujotillo en la Torre ya que no le convenía a Doña Blanca.
Finalmente, cenamos en un sitio Bretón, con otras chicas de México, también asistentes, con las que coincidimos en Nimes un día antes y descubrimos, como último detalle, que el Sur es más económico que el norte; entonces nos dijímos que queríamos quedarnos en el Sur pero no, nuestro destino ahora es en el Norte, no tenemos que buscar más nuestra estrella, ella está en Compiegne, a sólo unos cuarenta y cinco minutos de la Ciudad Luz.
No es falso lo que dicen los mismos franceses en cuanto a que en el sur de Francia la gente es más próxima y más cálida. Quizá la arquitectura no es tan majaestuosa como la del norte y algunas ciudades no tienen tanta carga histórica, salvo sitios como Lyon o Nimes pero, la gente, el ambiente, la algarabía, eso es diferente.
Viajamos el martes 26 de octubre desde Compiegne hasta Paris, nos fuimos caminando desde la Gare du Nord hasta la Gard de Lyon con la sorpresa de casi perder el último tren a Montpellier por motivo de las huelgas pero, finalmente llegamos con Antonio.
Es cierto que viajar es una de las experiencias más ricas pues es cuando realmente conoces a las personas por una parte pero, es también cuando mejor te conoces a ti mismo y aprendes de tus formas de ver el mundo, de tu tolerancia o intolerancia, de tus distracciones, de tus errores, de tus diferencias y encuentros con tus compañeros de viaje. Nos quedamos Rita Marlyn y yo cinco noches en casa de Antonio. Casi todos sus amigos son españoles o franceses que hablan español, así que por poco y se nos olvida el francés pero, en verdad contactamos con la otra Francia. Y es que sí es diferente el norte al sur.
Los "chonis",- una expresión que en España, en Alicante específicamente, de donde es Antonio, designa a los nacos a los sátrapas-, nos hicieron pasar algunos de los días más amenos desde que llegamos. El albergue Pedro-Antonio, nos abrió las puertas como nunca. Los amigos de Antonio: Carlongo, Juanmi, José y Pierre, fueron unos magníficos anfitriones también y nos hicieron volver a sentirnos en nuestras casa, estando en país extranjero. Y claro, no podría olvidar a América, la minina de la familia e hija adoptiva de Antonio. Todo queda entre samaritanos.
A Antonio lo conocí por su blog de auxiliar en Compiegne de hace ya tres años. El fue a México a acompañar a su pareja unos días, ya que Aldo estudia la carrera de arquitectura y consiguió un intercambio nada menos que en Colima, la ciudad natal de mi padre, donde estará hasta diciembre. Los conocí en la Casa Azul de Frida y Diego y bueno, de allí no volví a ver a Antonio hasta ahora en Montpellier.
Montpellier es una ciudad más moderna. La ciudad antigua es bonita y es un laberinto donde puedes experimentar jugar a buscar el hilo de Ariadne entre las tres gracias susurrándote posibles rutas en un ambiente de Comedia pero, es cierto que no tiene la mejestuosidad de algunas ciudades del norte como París, incluso también al sur, Lyon. Lo que agradeces de Montpellier es al ambiente universitario. Los jóvenes disfrazándose la noche de Toussaint. El sonido de diferentes lenguas. No en vano bromeaba con Antonio que ahora iban a la conquista de Montpellier con el español y bueno, aunque ya no fui al museo Fabre, Montpellier me dejó la experiencia de ver por primera vez una película en español subtitulada al Francés: Biutiful, película que me hizo llorar mucho pues, además de mostrar un rostro no tan grato de Barcelona, habla sobre el cáncer, la enfermedad de la que murió mi padre.
Otra experiencia fue justo la de encontrar el hilo de Ariadne en casa de Antonio todas las noches y desenredarlo en español, en la misma calle donde viviera Rosseau, uno de los tejedores de la Ilustración... ¡Vaya tramas y entramados! ¿No?
Me dejó la experiencia de aprender a amueblar las casas con aquello que la gente abandona en las esquinas a la mano de los estudiantes. Casi todo el estudio de Antonio es reciclado. Viva la ecología inmoviliaria. La experiencia de ser pintada como catrina con los olios de Pierre, el compañero de cuarto de Antonio, quien gusta de la pintura y se dio a la tarea de hacer de mi, una catrina hispanofrancesa en Montpellier. Lástima que al llegar a la fiesta de Ana, sólo nosotros hubiéramos llegado disfrazados.
Y, dos detalles más: asistir a la inauguración de una exposición en la iglesia de Sta Anna hoy sala de exposiciones y platicar con Antonio y Carlos sobre las texturas y los colores en los cuadros de Seguin, como jugar con diferentes texturas te hace figurar otra dimensión ésto, siguiendo con las tramas, tras haber pasado el atardecer de ese día, por la fachada de una casa donde un artista plástico jugaba con tu capacidad visual para medir qué tan capáz eres de diferenciar entre una fachada real sobrepuesta a una de utilería. En todas las ciudades se esconden detalles impresionistas.
Así, la noche cayó sobre nosotras y en el acueducto la luz azul de los arcos nos fue conduciendo a nuestra última noche en Montpellier ruta Catedral, Facultad de Medicina y Torre. Yendo hacia la Torre teníamos que pasar cerca de una calle o por una calle llamada Jeux de mains y debido a que el nombre me recordó a los juegos de manos en México, cuando una es niña, Antonio y yo nos la pasámos cantando todo el camino juegos de manos y luego rondas o corros, como se llaman en España y bueno, terminamos con el Qujotillo en la Torre ya que no le convenía a Doña Blanca.
Finalmente, cenamos en un sitio Bretón, con otras chicas de México, también asistentes, con las que coincidimos en Nimes un día antes y descubrimos, como último detalle, que el Sur es más económico que el norte; entonces nos dijímos que queríamos quedarnos en el Sur pero no, nuestro destino ahora es en el Norte, no tenemos que buscar más nuestra estrella, ella está en Compiegne, a sólo unos cuarenta y cinco minutos de la Ciudad Luz.
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