jueves, 11 de noviembre de 2010

Montpellier

Gran parte de mi vida ha pasado en el Sur. En ese sentido este viaje me pone a ciento ochenta grados, ya que ahora estoy viviendo al Norte, en Compiegne. La presencia de mi amigo Antonio en Montpellier me hizo volver al Sur, esta vez desde el Norte, esta vez a la inversa.

No es falso lo que dicen los mismos franceses en cuanto a que en el sur de Francia la gente es más próxima y más cálida. Quizá la arquitectura no es tan majaestuosa como la del norte y algunas ciudades no tienen tanta carga histórica, salvo sitios como Lyon o Nimes pero, la gente, el ambiente, la algarabía, eso es diferente.

Viajamos el martes 26 de octubre desde Compiegne hasta Paris, nos fuimos caminando desde la Gare du Nord hasta la Gard de Lyon con la sorpresa de casi perder el último tren a Montpellier por motivo de las huelgas pero, finalmente llegamos con Antonio.

Es cierto que viajar es una de las experiencias más ricas pues es cuando realmente conoces a las personas por una parte pero, es también cuando mejor te conoces a ti mismo y aprendes de tus formas de ver el mundo, de tu tolerancia o intolerancia, de tus distracciones, de tus errores, de tus diferencias y encuentros con tus compañeros de viaje. Nos quedamos Rita Marlyn y yo cinco noches en casa de Antonio. Casi todos sus amigos son españoles o franceses que hablan español, así que por poco y se nos olvida el francés pero, en verdad contactamos con la otra Francia. Y es que sí es diferente el norte al sur.

Los "chonis",- una expresión que en España, en Alicante específicamente, de donde es Antonio, designa a los nacos a los sátrapas-, nos hicieron pasar algunos de los días más amenos desde que llegamos. El albergue Pedro-Antonio, nos abrió las puertas como nunca. Los amigos de Antonio: Carlongo, Juanmi, José y Pierre, fueron unos magníficos anfitriones también y nos hicieron volver a sentirnos en nuestras casa, estando en país extranjero. Y claro, no podría olvidar a América, la minina de la familia e hija adoptiva de Antonio. Todo queda entre samaritanos.

A Antonio lo conocí por su blog de auxiliar en Compiegne de hace ya tres años. El fue a México a acompañar a su pareja unos días, ya que Aldo estudia la carrera de arquitectura y consiguió un intercambio nada menos que en Colima, la ciudad natal de mi padre, donde estará hasta diciembre. Los conocí en la Casa Azul de Frida y Diego y bueno, de allí no volví a ver a Antonio hasta ahora en Montpellier.

Montpellier es una ciudad más moderna. La ciudad antigua es bonita y es un laberinto donde puedes experimentar jugar a buscar el hilo de Ariadne entre las tres gracias susurrándote posibles rutas en un ambiente de Comedia pero, es cierto que no tiene la mejestuosidad de algunas ciudades del norte como París, incluso también al sur, Lyon. Lo que agradeces de Montpellier es al ambiente universitario. Los jóvenes disfrazándose la noche de Toussaint. El sonido de diferentes lenguas. No en vano bromeaba con Antonio que ahora iban a la conquista de Montpellier con el español y bueno, aunque ya no fui al museo Fabre, Montpellier me dejó la experiencia de ver por primera vez una película en español subtitulada al Francés: Biutiful, película que me hizo llorar mucho pues, además de mostrar un rostro no tan grato de Barcelona, habla sobre el cáncer, la enfermedad de la que murió mi padre.

Otra experiencia fue justo la de encontrar el hilo de Ariadne en casa de Antonio todas las noches y desenredarlo en español, en la misma calle donde viviera Rosseau, uno de los tejedores de la Ilustración... ¡Vaya tramas y entramados! ¿No?
Me dejó la experiencia de aprender a amueblar las casas con aquello que la gente abandona en las esquinas a la mano de los estudiantes. Casi todo el estudio de Antonio es reciclado. Viva la ecología inmoviliaria. La experiencia de ser pintada como catrina con los olios de Pierre, el compañero de cuarto de Antonio, quien gusta de la pintura y se dio a la tarea de hacer de mi, una catrina hispanofrancesa en Montpellier. Lástima que al llegar a la fiesta de Ana, sólo nosotros hubiéramos llegado disfrazados.

Y, dos detalles más: asistir a la inauguración de una exposición en la iglesia de Sta Anna hoy sala de exposiciones y platicar con Antonio y Carlos sobre las texturas y los colores en los cuadros de Seguin, como jugar con diferentes texturas te hace figurar otra dimensión ésto, siguiendo con las tramas, tras haber pasado el atardecer de ese día, por la fachada de una casa donde un artista plástico jugaba con tu capacidad visual para medir qué tan capáz eres de diferenciar entre una fachada real sobrepuesta a una de utilería. En todas las ciudades se esconden detalles impresionistas.

Así, la noche cayó sobre nosotras y en el acueducto la luz azul de los arcos nos fue conduciendo a nuestra última noche en Montpellier ruta Catedral, Facultad de Medicina y Torre. Yendo hacia la Torre teníamos que pasar cerca de una calle o por una calle llamada Jeux de mains y debido a que el nombre me recordó a los juegos de manos en México, cuando una es niña, Antonio y yo nos la pasámos cantando todo el camino juegos de manos y luego rondas o corros, como se llaman en España y bueno, terminamos con el Qujotillo en la Torre ya que no le convenía a Doña Blanca.

Finalmente, cenamos en un sitio Bretón, con otras chicas de México, también asistentes, con las que coincidimos en Nimes un día antes y descubrimos, como último detalle, que el Sur es más económico que el norte; entonces nos dijímos que queríamos quedarnos en el Sur pero no, nuestro destino ahora es en el Norte, no tenemos que buscar más nuestra estrella, ella está en Compiegne, a sólo unos cuarenta y cinco minutos de la Ciudad Luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario