jueves, 11 de noviembre de 2010

Sete

Es la segunda vez que paso por Sete en mi vida. La primera fue por azar. Iba de regreso a Niza y me equivoqué y me bajé una estación antes de la del sitio a la cuál iba y di con Sete, un puerto bastante pintoresco con cierto aire de Progreso, en Mérida Yucatán, pero con el puerto marítimo encontrándose con la ría y el detalle de, hacia lo alto de la isla, encontrar una capilla chiquitita dedicada a Notre Dame de la Salette parecida a un iglú,ya que no es muy alta y está grabada en su interior con frescos. Me pareció de pronto que el arquitecto quizo recuperar esta idea de la misa en las catacumbas, y el pintor quiso rememorar la pintura rupestre con sus representaciones y ex votos. Presenciar misa allí ha de ser algo alucinante, debido al eco y a lo reducido del espacio. A sus afueras, puedes ver una vista magistral de Sete.

Otro detalle conmovedor de Sete fue la llegada al Cementerio Marino; y es que de pronto a mi no me caen tan rápido los veintes. Yo sabía que Paul Valery había nacido en Sete pero, de pronto no hice la conexión del Cementerio Marino, con el Cementerio donde estaba parada en Sete, sitio que le inspiró su obra maestra, del mismo nombre. Cuando caí en la cuenta, les dije a Marlyn y Rita.

-No inventen, estámos en el Cementerio Marino...

Ellas se burlaron de mi

-Ay Natalia, pero sí ya dimos varias vueltas buscando la tumba del poeta que quieres encontrar, antes de ir a su museo, y apenas te percatas.

Y les dije que no era eso, sino que apenas me caía el veinte de que estaba en el Cementerio Marino de Valery. Libro que leí hace unos dos años en la edición bilingüe de Alianza.

Perdidas en el Cementerio, di con el sepulturero y le pregunté por la tumba de Valery. Me dijo que cómo era que sabía tanto de Francia. Le dije que más bien era seguidora de ciertos poetas franceses. Conduciéndome hacia la tumba y viendo mi emoción me dijo... Valery sabía que los cementerios son las ciudades eternas, ya que en ellos habitará nuestro cuerpo después de haber vivido. Luego se disculpó por decirme esas palabras, pero de hecho un poco de eso va el libro de Valery, sólo que en vez de ciudad es un mar.

De allí nos fuimos al museo de Valery, donde hay una serie de pinturas de diferentes periódos artísticos, principalmente del impresionismo, corriente artística que corresponde al periódo en el cuál vivió el poeta. Además de una sala dedicada a los grabados de Valery y a su colección de notas y primera impresión del Cementerio Marino. Ya no fuimos al espacio cultural y museo de Brassens el poeta y músico de Sete pero, nos despedimos comiendo en un sitio árabe donde pedí unos calamares aunque, a nuestro regreso a Montpellier Carlos se molestó un poco de no haberle contado nuestros planes ya que había vivido dos años en Sete y sabía de la especialidades culinarias. Aún así, mi visita de Toussaint o Todos Santos o Fieles difuntos francés, fue al Cementerio Marino, y a Paul Valery,aunque en su tumba le acompañan otros familires Valery que han dejado esta cara del mundo, esta ciudad de vivos.

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