Nimes nos agarró con tormenta pero, luchando con ella, recorrímos las Arenas romanas, ahora Plaza de toros; la torre desde la cuál Nostradamus predijo alguna de sus visiones y a la cuál llegamos por un jardín empapado de lluvia y por lo tanto vivificado en sus colores y la casa cuadrada.
Si agradezco algún comentario en este recorrido, es el de Denisse cuando, bajando de la Torre nublada, se soltó a correr jardín abajo diciendo que recordáramos cuando eramos niños y veíamos la lluvia como un juego.
En la mañana,Denisse y yo nos fuimos al museo de Beaux Arts, a una visita guiada de Lucien Lautrec, un pariente de Toulousse que, recordándome a Picasso, pasó de una época realista a la desintegración del sujeto en la pintura abstracta. Ya desde Sete venía viendo esta desfiguración de la persona en el paso de los períodos pictóricos. Me impresionaba ver cómo, a pesar del abstracto seguían escondiéndose sombras, espectros, siluetas. Esa era la intensión de Lautrec y eso vengo viendo en varias exposiciones desde que llegué a Francia como, en el arte, se ha comenzado a descomponer la figura y a disociar a la persona; a volver aún más anónima la figura humana entonces: ¿qué pasa con el humanismo artístico? Esa es mi pregunta ahora.
Este descubrimiento del arte abstracto como un escondite de sombras, espectros y siluetas, me ha dejado un material fascinante cocinándose en mi cerebro. Deleuze habla de ésto: la desintegración del sujeto.Este Lautrec más moderno que Toulosse, tienme hasta una banda de Jazz escondida en sus pinceladas en apariencia abstractas.
Y bueno, ya e las cinco de la tarde, terminamos con un filme en tercera dimensión sobre la fundación de Nimes. Volviendo a las dimensiones artísticas y cinéfalas ¿Cuántas cabezas puede haber mirandolo todo?
Con esta maquinaria pesada en mi mente, volví a Montpellier esa noche, a celebrar el cumpleaños de Ana, una amiga de Antonio.
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