La semana anterior tuve finalmente todos mis grupos. Me presenté y les enseñé un mapa de México y la bandera, contándoles la historia del símbolo y el surgimiento de la Antigua Tenochtitlan, para los que no la conocían. Cada grupo, de los doce, pidió una presentación diferente. No podría decir que alguna se pareció a otra. En un curso hablé de ecología y contaminación, pues la profesora me pidió eso, y hubo una buena respuesta por parte de los alumnos.
Presentarse sí implica un intercambio cultural con los alumnos. Me gusta que quieran saber temas de controversia en México como las drogas, el narcotráfico, la contaminación pero que, igualmente, tengan curiosidad por saber sobre las tradiciones y quieran aprender canciones y leyendas.
En uno de los liceos me comentaron que México no era un país que les interesara conocer por ser un país pobre. Se me ocurrió preguntarles en qué sentido lo decían, si en el sentido del dinero, o en el sentido de lo que se escuchaba que ocurría en él. Me respondieron que en el sentido del dinero. Les hablé entonces de que tenemos a uno de los millonarios más importantes del mundo y que bueno, lo que pasa es que la riqueza no está bien distribuida y que hay, así mismo, gente con mucho espíritu que, aunque sea de manera humilde, intercambia con otras personas y participa de las tradiciones y las fiestas que nos caracterizan como mexicanos.
Me di cuenta que sé poco de la política actual en México y que, desde la muerte de mi padre me he distanciado del tema, un poco por indiferencia, mucho por recuerdos y sentimientos que surgen ante lo que es irreversible. Ahora recaigo en la importancia de saber y conocer esa parte. La polis antigua, en Grecia, era la ciudad y todo ciudadano debía tener una posición en la polis. De pronto no encuentro tiempo para escuchar y leer las noticias e, igual, soy muy dispersa y luego me pierdo en mis cabilaciones pero, será algo que tendrá que volver a mi vida necesariamente.
Volviendo a las tradiciones, en Francia no hacen realmente una celebración por el día de los muertos, o de todos santos, como llaman aquí a la fecha. Dan semana y media de vacaciones con la finalidad de que se pueda pasar un tiempo con los seres que han partido, irlos a ver a donde estén enterrados, etc, pero no hay una tradición como en México en dónde comemos el pan de muerto, hacemos las ofrendas, escribimos las calaveras, etc.
Es así como me percato que ser asistente es algo más que sólo dar clase o enseñar la lengua; es dar el salto cultural y trasmitir, no sólo lo controversial que afecta a un país o las noticias internacionales no siempre positivas sino, igual, la esencia que hace que nuestras tradiciones continúen de generación en generación y sigan vivas. Se trata de girar un caleidoscopio de posibibilidades y no una cara sola, la más ajada de todas, la que tiene más cicatrices.
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