La verdadera estancia en otro país empieza cuando perderse resulta un motivo de búsqueda. Te pierdes al tomar la calle equivocada para regresar al Lycée Pierre d'Ailly, te pierdes cuando Daniel, el asistente de España, no entiende palabras de tu español de México, te pierdes cuando buscas la puerta de salida del Lycée Charles de Gaulle con Maggie y a cambio encuentras la risa nerviosa de no saber como salir y así, perderse empieza a ser el pretexto perfecto para encontrarse.
Maggie, mi amiga alemana, me comentó que somos víctimas de Francia. En aquel momento, por algun razón, entendí que eramos detectives en Francia pero luego, cuando me aclaró, me quedé pensando que es paradógico ser víctima y detective a la vez. Lo que es cierto es que, siendo detectives o víctimas de Francia y, específicamente de la Picardie y de Compiégne, dichos lugares y espacios toman el caracter de un personaje que te observa detenidamente y al que observas.
Me acuerdo de un mito relativo a los libros en el cuál se afirma que en toda historia o novela siempre hay un perseguido y un perseguidor.
¿Será posible ser perseguido y perseguidor en la misma historia? ¿Ser víctima y detective en la misma historia? ¿Perseguir el sueño de otro país y que el sueño de otro país te persiga a la vez?
Realmente la magia está en no tener miedo a perderse, tanto si se teme de sentimientos nuevos que te persiguen, como si se persigue el sueño de seguir despierto en la aventura de trabajar y vivir en otro país que no es tuyo.
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